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“Ya no morimos de infecciones, sino de hábitos.”

Entrevistamos a Juan Cruz Forgioni, co-fundador y CEO de Motivia, una de las startups de nuestro portfolio. Con una trayectoria en salud digital —incluyendo dos startups fundadas y años liderando iniciativas en Laboratorios Bagó— hoy Juan Cruz está al frente de Motivia con un propósito claro: mejorar la calidad de vida de quienes conviven con patologías crónicas, acercando la innovación a las personas.


1. ¿Cómo y por qué nace Motivia?

Motivia nació de una convergencia de caminos y aprendizajes. Antes de que existiera como compañía, Luis Armando y Hugo Villafañe, dos médicos apasionados por la tecnología, junto a Maximiliano Abrutsky —ex CTO de Betterfly—, habían comenzado una prueba de concepto con OMINT para el seguimiento remoto de pacientes con insuficiencia cardíaca. Ese piloto demostró que cuando combinás ciencia del comportamiento, conocimiento médico, datos y tecnología centrada en las personas, podés cambiar radicalmente el enfoque que se le da al tratamiento de enfermedades crónicas.

En paralelo, Pablo Kruls y yo veníamos de años en la industria farmacéutica, entendiendo desde adentro cómo se gestionan las enfermedades, pero también dónde el sistema empieza a fallar, en el acompañamiento cotidiano del paciente. Y Lucas Gamarnik, con su recorrido en innovación digital y proyectos públicos, aportó una mirada estratégica sobre cómo escalar soluciones en contextos complejos.

Cuando nuestros caminos se cruzaron, todo encajó. El timing fue perfecto, Maxi salía de Betterfly, yo de Labbi —una healthtech que fundé dentro del Grupo Bagó—, y todos compartíamos el mismo propósito: crear algo de impacto real, integrando tecnología, ciencia y hábitos. Así nació Motivia, en un momento en que el healthtech en Latinoamérica dejaba de ser promesa para convertirse en una herramienta concreta de transformación.

2. ¿Por qué crónicos?

Porque es el problema más grande, y más silencioso, que enfrenta la humanidad hoy.
Hace apenas cien años, la mayoría de las personas moría entre los 30 y 40 años, principalmente por enfermedades infecciosas. Con el descubrimiento de la penicilina comenzó la era de los antibióticos, y con ella el primer gran salto en la expectativa de vida: la duplicamos.

Un siglo después, vivimos entre 70 y 80 años, pero nos enfrentamos a una nueva epidemia. El 80% de las muertes actuales está relacionado con el estilo de vida: el sedentarismo, la ansiedad, el estrés crónico, la mala alimentación. Ya no morimos de infecciones, sino de hábitos.

Las enfermedades crónicas no solo deterioran la calidad de vida de millones de personas, sino que le cuestan al sistema de salud global entre 5 y 10 puntos del PBI, dependiendo del país. Es una crisis humanitaria, económica y cultural al mismo tiempo.

Por eso elegimos enfocarnos ahí. Porque no se trata solo de vivir más (lifespan), sino de vivir mejor (healthspan).
Y eso es lo que nos moviliza: crear tecnología que ayude a las personas a extender sus años de vida saludable, y a los sistemas de salud a sostenerlo de manera más humana, eficiente y escalable.

3. ¿Por qué recoemdanrías usar Motivia para seguimiento de tratamienta, tanto desde el lado del médico como del pacientes?

Desde el lado del paciente, Motivia trae orden y claridad en medio de una avalancha de información. Cuando una persona recibe un diagnóstico crónico, suele sentirse abrumada: hay indicaciones, estudios, cambios de hábitos, medicación… Motivia organiza todo eso y lo convierte en un acompañamiento tangible.

Ayuda a entender que las micro mejoras diarias, como caminar un poco más, alimentarse mejor, descansar, generan un impacto enorme en el tiempo. Permite seguir de cerca los indicadores médicos específicos de cada patología y, sobre todo, hace sentir cuidado. Saber que detrás hay un equipo y una marca asociada a instituciones médicas de primer nivel genera confianza y compromiso.

Desde el lado del médico o de la institución, Motivia abre una ventana que antes no existía: lo que ocurre entre consulta y consulta. Permite predecir complicaciones y hospitalizaciones, identificar patrones de riesgo y actuar antes de que el problema sea grave. Las alertas tempranas y la trazabilidad del comportamiento del paciente hacen que el cuidado sea más proactivo, más humano y también más eficiente para el sistema.

4. Ser emprendedor es medio montaña rusa, ¿Qué te llevó a emprender, y qué te sigue sosteniendo en los momentos donde no alcanza solo la motivación?

Siempre tuve claro que en algún momento iba a emprender. Desde el comienzo de mi carrera sentía esa curiosidad, esas ganas de construir algo propio… aunque muchas veces el miedo pesaba más que el deseo. Me decía “todavía no”, y seguía en la comodidad de la corporación.

Con el tiempo entendí que cada etapa me estaba preparando. Viví y trabajé en lugares muy distintos, desde Costa Rica y Ciudad de México hasta Londres y un pueblo remoto en Francia, y esa mezcla de culturas me abrió la cabeza. La consultoría me dio estructura para resolver problemas, y cuando entré al mundo de la salud, por una historia muy personal (mi abuelo fue uno de los fundadores de la Obra Social Luis Pasteur y todos los días hablabamos del sistema de salud), descubrí que ahí estaba mi verdadero motor: el bienestar. Sentirme bien y ayudar a otros a lograrlo.

Mi primer paso fue como intrapreneur, emprendiendo dentro de una corporación. Fue un laboratorio enorme. Aprendí lo que implicaba liderar un proyecto con propósito, y también lo que se siente cuando una idea empieza a cobrar vida.

Después vino el salto. Y sigo en esto porque me apasiona crear, pero sobre todo porque el propósito detrás de Motivia está completamente alineado con mis propias motivaciones personales. No es solo un proyecto, es algo que siento parte de mí. Y cuando eso pasa, el esfuerzo, la incertidumbre y los tropiezos se transforman en energía.

Sin ese propósito, no tendría la fuerza para volver a subirme a la montaña rusa una y otra vez. Y sin las personas que me acompañan, el equipo, mis socios, la gente que cree en lo que hacemos, tampoco. Ellos son, en gran parte, el motivo por el que sigo pedaleando todos los días.


5. En un contexto donde la salud se está redefiniendo todo el tiempo, ¿qué significa para vos innovar en este campo?

Para poder innovar, primero hay que entender profundamente lo que se quiere transformar. La creatividad no aparece de la nada, nace del conocimiento, de mirar un problema desde todos los ángulos hasta que aparece una forma nueva de resolverlo.

En salud, eso es especialmente desafiante. Es una industria compleja, altamente regulada y que, en términos de transformación digital, todavía está muy por detrás de otros sectores. Pero al mismo tiempo, es un campo que está pidiendo pista, porque necesita evolucionar, no solo en lo científico, sino también en sus modelos de negocio, en la forma en que se relaciona con las personas y en cómo mide el impacto.

Por eso, para mí innovar en salud no es solo tener una buena idea. Es tener la empatía para entender en qué momento está el sistema, qué está listo para cambiar y cómo acompañar ese proceso. Muchas veces innovar implica también convencer, compartir un propósito, mostrar que hay nuevas formas de trabajar que no vienen a destruir lo anterior, sino a complementarlo y hacerlo mejor.

6. ¿Qué descubriste de tu equipo en este tiempo que te hizo valorar aún más lo que están construyendo juntos?

Descubrí la resiliencia. Esa capacidad de seguir adelante incluso cuando las cosas no salen como uno espera. Emprender en salud no es fácil, hay muchos momentos de incertidumbre, de demora, de desgaste. Pero en cada uno de esos momentos el equipo respondió con compromiso, empatía y apoyo mutuo.

También descubrí algo que me da mucha paz, la certeza de que en el barco están las personas correctas. Las que saben aprovechar el viento de cola cuando todo fluye, y las que se mantienen firmes cuando llega la tormenta.

Eso, más que cualquier métrica, es lo que me confirma que estamos construyendo algo que vale la pena.

7. Hace poquito ganaron el premios VISA & La Nación en  Innovación en nuevas tecnología, ¿qué significó eso para Motivia?

El reconocimiento fue una gran validación. Que compañías de primera línea como Visa y La Nación, con un jurado de lujo, elijan a Motivia entre tantos proyectos, nos confirmó que estamos yendo por el camino correcto.

Más allá del premio en sí, nos dio una visibilidad enorme. Permitió que más personas, inversores, instituciones, empresas y hasta pacientes, conozcan lo que estamos construyendo y el impacto que puede tener escalar una solución como Motivia. Ese tipo de espacios ayudan a poner a la salud digital en agenda, algo que todavía falta mucho en nuestra región.

La validación más profunda, sin embargo, viene de lo que está ocurriendo en paralelo, en donde estamos cerrando acuerdos comerciales muy significativos para el estadio en el que estamos como compañía, y una empresa como Medtronic, líder global en dispositivos médicos, nos eligió como socio estratégico para acompañarlos en varios países de la región.

El premio fue un mimo. Pero más que al ego, tocó la fibra motivacional y nos recordó por qué hacemos lo que hacemos y por qué vale la pena seguir empujando todos los días.

8. En qué mercados se están desarrollando y cuáles son los desafíos más grandes con los que se enfrentan?

Hoy estamos desarrollando operaciones en Argentina, México y Colombia, con una expansión natural hacia Chile, impulsada por nuestra alianza con Medtronic, que nos abre la puerta a un sistema de salud muy desarrollado tanto en lo sanitario como en lo digital.

En este proceso tuvimos hitos muy importantes, cerramos un acuerdo con IQVIA Mexico, la principal compañía global de datos en salud, y con Astellas, para el seguimiento remoto de pacientes dentro de un protocolo de cáncer de próstata en Mexico. Además, Pablo Kruls, cofundador de Motivia, fue invitado a uno de los eventos de salud digital más relevantes de Colombia, donde la recepción fue increíble y ya surgió un pipeline comercial muy estimulante.

En cuanto a desafíos, el mayor está en educar al sistema, y ayudar a que hospitales, prepagas y médicos comprendan el valor de los modelos digitales de acompañamiento, y cómo pueden integrarse de forma complementaria al sistema tradicional. También hay retos regulatorios y de adopción tecnológica, que varían según cada país.

Pero lo positivo es que cada vez hay más conciencia de que la salud necesita transformarse, y que Latinoamérica tiene el talento y la creatividad para liderar esa transición.

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